En el artículo "¿Qué significa bien educado?" Lina menciona brevemente que educación y formación no son lo mismo, cito: (…) "porque a menudo me falta la motivación cuando se trata de entrenar y educar (lo que por cierto, no es lo mismo)".  

Pues bien, me gustaría profundizar en el tema porque en mi opinión, hay más que decir al respecto. Las palabras "educación" y "formación" a menudo se usan para lo mismo y se confunden. Pero,  

  • ¿cuál es la diferencia entre ellas?
  • ¿Qué debería hacer con mi perro?
  • ¿Debo educarlo o es suficiente con entrenarlo de manera intensiva para poder vivir juntos en armonía?

Aquí es donde comienza el dilema, porque la cuestión de qué método de adiestramiento es EL CORRECTO causa varias discusiones, no sólo entre propietarios de perros, sino también entre expertos (habrá otro artículo sobre ese tema).  

 

La educación de un perro es una parte esencial de la socialización y, por tanto, comienza desde el nacimiento.  

La socialización describe el proceso de práctica y aprendizaje de importantes normas de comportamiento que son necesarias para una convivencia armoniosa con el entorno vivo y no vivo. En este caso, la educación de tu perro puede entenderse como una influencia consciente o dirigida hacia una conducta deseada. Aquí hay que tener en cuenta las necesidades individuales del perro, así como los rasgos de su carácter personal. Un cachorro no puede concentrarse tanto tiempo como un perro adulto y necesita más períodos de descanso, por ejemplo. Lo mismo ocurre con un perro durante la pubertad. Se produce un cambio hormonal importante y a consecuencia cambios de humor, así como una inestabilidad emocional que provoca inquietud interior, inseguridad y una tendencia a sobrevalorarse. Esto puede suponer un reto difícil para muchos propietarios de perros. Por lo tanto, debo tener una idea concreta de lo que quiero y hasta qué punto mi perro es capaz de dármelo. Si constantemente cambio de opinión sobre un comportamiento, es muy probable que mi perro se sienta confundido.  

 

Os doy un ejemplo de mi vida personal: Quiero que mis perros caminen con una correa floja durante nuestros paseos. Esto significa que, cuando la correa se acerca a su fin, aclaro mi garganta o incluso digo de forma calmada: "¡Ey! Si mis perros no me hacen caso, me detengo y espero hasta que me demuestran que me han entendido, mirándome, por ejemplo. Les doy las gracias y sólo después seguimos.  

 

Pero hay días en los que estoy ausente con mis pensamientos y la correa no me importa, simplemente porque no me doy cuenta. Estoy distraída, y ellos por supuesto se aprovechan. Así que, de vez en cuando les "permito" tirar de ella. Pero si un día los y otro no, o incluso me enfado porque me ponen a prueba una y otra vez (después de advertírselo tantas veces), entonces no soy muy clara en mi comunicación y, por último, castigo a mis perros por mi propia incoherencia. Desde un principio, debo pensar bien en cuáles comportamientos son fundamentalmente inaceptables para mí y según ellos, cuando puedo hacer la vista gorda. Es importante que yo misma respeto las normas que he establecido. Bloch y Radinger (2012) lo llaman “la ritualización de reglas estrictas y flexibles” las cuales cada equipo (humano-perro) puede establecer individualmente y lo explica de la siguiente manera: 

 "La coherencia es la carta de triunfo. Sin embargo, los gestos amables suelen tener tal efecto que el compañero reaccione de forma relajada y más abierta a las sugerencias".  

Pues obvio ¿no?  

Si de niños nuestros padres nos permitían quedarnos despiertos hasta tarde, la noche siguiente nos íbamos a la cama más temprano por nuestra propia voluntad. Pero, ¿cómo se aplica esta teoría a los perros?  

 

Os doy otro ejemplo: Si estoy paseando y nos encontramos a otra gente con sus perros, los míos no tienen permiso salir corriendo y acercarse (regla estricta). Los llamo para que vengan hacia mí y esperamos. Dependiendo de quién se acerque y en consulta con el propietario del otro perro, les permito hacer contacto o no (regla flexible).  

 

La educación es siempre un dar y recibir y depende de nosotros determinar qué aceptamos y qué no. Al hacerlo, puedo velar por mis propios intereses y por los de mi perro. Si enseño exclusivamente usando presión y la prohibición, no podré tener grandes éxitos, ya que estoy controlando y restringiendo el desarrollo de mi perro. Es importante establecer límites específicos porque eso le da seguridad y orientación a mi perro, y hace que la vida sea mucho más fácil para él. Sin embargo, el éxito de la educación consiste sobre todo en aumentar y tener en cuenta las acciones basadas en percepciones independientes y experiencias personales (Gansloßer & Kitchenham 2015). Los perros son animales que quieren probar cosas tanto como nosotros.  

 

Cuanto mejor conozca las necesidades de mi perro y las atienda y estimule, más probable sea que tenga un perro que esté contento de cooperar voluntariamente.  

Esto, a su vez, es el prerequisito ideal para una educación exitosa. Un último ejemplo según mi propia experiencia: Mi perro Zazu es un cazador apasionado (como ya he mencionado varias veces antes). Sin embargo, no puedo satisfacer su deseo de correr por el bosque durante horas y horas. Así que una de nuestras reglas básicas es: la caza (al menos de esta manera) es tabú. Pero hay otras opciones. Zazu tiene permiso cavar como un loco. Así que puede desahogarse de verdad, seguir huellas, escuchar ratones en el suelo, desarrollar estrategias sobre cómo y dónde atacar mejor, y hacer todo lo que le gusta. Pasamos mucho tiempo en esta actividad, me siento con él y disfruto de su buen humor. Deberían ver su cara después de una "caza exitosa".  Tiene una sonrisa enorme y está muy satisfecho con sus logros.  Afortunadamente, Zazu no mata ratones, de lo contrario tendría que pensar en otra solución, ya que eso no me gustaría para nada. Y mientras trato de acomodar sus peticiones de la mejor manera, él en cambio me hace caso (generalmente), cuando le prohibo perseguir un ciervo o un conejo.  

Comparando con la educación, el adiestramiento se refiere más a comandos básicos como "siéntate, abajo, talón" incluyendo ciertos deportes (por ejemplo deportes caninos de tiro) o el entrenamiento para perros de asistencia (perro de rescate o perro guía para ciegos). La formación médica también es cada vez más popular. El enfoque principal aquí es el aprendizaje de la teoría que hay detrás y los procesos de condicionamiento. Ya que se sabe cómo aprenden los seres vivos, estos conocimientos se pueden aplicar con éxito al adiestramiento de perros. La motivación es una componente importante para un adiestramiento eficaz. Por ejemplo, un Golden Retriever disfrutará recuperar cosas (buscando un juguete o un chupete), mientras que la mayoría de los Huskies disfrutan con los deportes de tiro (por ejemplo, canicross o bikejoring).  

Pero cuando se trata de motivación, no sólo es importante la predisposición genética, sino también las habilidades, los talentos o los intereses individuales del perro (en el caso de mi perra Haida, sin duda sería la comida). Por supuesto, la educación y el entrenamiento se pueden combinar. Por ejemplo, puedo establecer una norma estricta de que el perro no debe tirar de la correa durante un paseo. Puedo poner esto en práctica entrenando a mi perro para que camine con la correa floja.  

 

Sin embargo, es importante entender que el adiestramiento no es lo mismo que la educación y, en mi opinión, no la puede sustituir.  

La educación siempre requiere una relación con tu perro. Quiero que mi perro pueda confiar en mí más que en un trozo de salchicha. Merece la pena reducir o ignorar las propias necesidades sólo si a largo plazo habrá un efecto positivo en mi vida, como por ejemplo una relación que funcione bien con los miembros de mi grupo o familia. Volviendo al ejemplo anterior, Zazu no dejó de cazar porque lo entrenamos así (lo intenté por muchos años sin ningún éxito), sino porque encontramos un compromiso que tiene en cuenta los intereses de los dos y hace posible la convivencia en armonía. Esto no es para nada fácil, y estoy segura de que mucha gente no estará de acuerdo conmigo.  

 

¿Pero, qué hago si esto no funciona?  

El entrenamiento puede pasar independientemente de la relación con los humanos. (Mills et al, 2014) encontraron resultados emocionantes al comparar un perro educado con un perro obediente. Documentaron que los perros obedientes (es decir, bien adiestrados) mostraban el comportamiento deseado de forma inmediata, mientras que los perros bien educados actuaban de forma más anticipada y tenían una relación más profunda con sus propietarios.  

Los perros adiestrados podían reconocer de antemano los distintos comportamientos de sus dueños y eran capaces de adaptarse o reaccionar a consecuencia de ello.  De este modo, los posibles conflictos podían identificarse de antemano y redirigirse. En el adiestramiento, solemos trabajar con la ayuda de premios, como la comida. Mi perro muestra un comportamiento deseado y yo lo recompenso. Sin embargo, Gansloßer y Kitchenham (2015) señalan que pagar una acción con una recompensa no juega ningún papel en el proceso general del adiestramiento. Por lo tanto, puedo adiestrar a mi perro con comida, pero no puedo educarlo. Los propietarios van a las escuelas de adiestramiento canino principalmente para prevenir un posible mal comportamiento del perro o para corregir el mal comportamiento que existe. Sin embargo, diversos estudios indican que el adiestramiento común y corriente no evita necesariamente los problemas de conducta que surgen más tarde (Blackwell et al. 2010; Rooney N. & Cowan S., 2011). Por lo tanto, mi perro puede pasar con éxito las pruebas en el parque canino y luego seguir mostrando un mal comportamiento en la vida cotidiana. Aun así se puede realizar algún tipo de adiestramiento con él o acudir a una escuela canina. Pues, si ambos disfrutan, perro y dueño, es un enriquecimiento para todos. Pero volvemos a mi pregunta original: Un plan de adiestramiento bien pensado no es, por desgracia, ni la mitad de la batalla.  

 

Mi opinión sobre este tema  

es que cada vez más personas con perros se olvidan de que tienen todo lo que necesitan dentro de ellos: su intuición. Por supuesto, un adiestrador canino bien formado puede ayudar a las personas y a los perros. Yo también trabajo con un gran adiestrador de perros en Alemania, al que estoy muy agradecida. Sin embargo, es igual de importante confiar en tus habilidades sociales o reflexionar sobre ellas y cambiarlas si es necesario. Al fin y al cabo, no criamos a nuestros hijos con helados o gominolas, sino dando un buen ejemplo. También podemos probar cosas y descubrir por nosotros mismos lo que es importante en nuestra interacción con los animales y, sobre todo, lo que nos hace sentir bien. Según estos criterios, yo buscaría (si fuera necesario) un apoyo adecuado como un entrenador para perros, pero estos criterios son muy individuales. Para mí, un perfecto "siéntate, abajo, talón" no es uno de ellos. Haida, por ejemplo, no conoce ninguno de estos comandos, y sin embargo llevamos una vida muy feliz.