Si los perros u otros animales tienen un sentido moral es un tema que he tratado intensamente durante mi tesis doctoral. Ya que esto me interesa mucho, he querido dedicarle un artículo entero, aunque, por supuesto, dentro de estas páginas sólo puedo ofrecerles un resumen muy corto sobre la investigación comparativa del comportamiento.     

 

En concreto, mi investigación trataba de averiguar si las distintas especies animales, incluyendo los perros, tienen sentimientos de justicia o injusticia. Si es así, deberían preferir que el reparto de premios sea justo en lugar de que se favorezca a un animal sobre otro, es decir, que el otro reciba un premio mejor o mayor. En otros estudios, los científicos se han centrado menos en lo que eligen los animales y más en cómo responden a un trato injusto. El ejemplo más famoso es probablemente el estudio pionero de Brosnan y de Waal (2003). Pagaron a un mono capuchino con un trozo de pepino, mientras que por la misma tarea a otro mono capuchino le dieron un trozo de uva. El vídeo en donde el mono le tira el trozo de pepino hacia el experimentador (por celos según los investigadores) se ha hecho viral en YouTube. Los científicos explican esta observación de la siguiente manera: Concluyen que el rechazo a la injusticia ha evolucionado como un sentimiento importante para asegurar la cooperación entre las especies sociales y protegiendo a un individuo del abuso de los demás. (Brosnan, 2006; Brosnan y de Waal, 2014).    

Esta conclusión ha sido ciertamente cuestionada en el mundo científico, al menos porque otros grupos de investigación aún no han podido establecer los mismos resultados (por ejemplo, Dubreuil, 2006; Silberberg, 2009). Hasta hoy existe un debate sobre las causas reales de la conducta que se muestra en el vídeo. Por ejemplo, en vez del rechazo a la injusticia podrían ser sentimientos de frustración por haber recibido mejores premios en el pasado (Roma et al., 2006) o la simple expectativa de ver un premio más sabroso delante de uno, independientemente de otro animal (Bräuer et al., 2006).  

  

 

En cuanto a perros, el panorama de las investigaciónes es bastante similar al de los monos y otras especies animales.  

 

Hay estudios que podrían encontrar pruebas del rechazo a la injusticia (por ejemplo, Range et al., 2009; Range et al. 2012; Brucks et al. 2016), pero hay varios otros que no (por ejemplo, Brucks et al., 2017; Horowitz, 2012). Entonces, ¿cómo se lleva a cabo una "prueba de justicia" con perros? Una prueba bastante conocida consiste en tener a dos perros sentados uno al lado del otro y pedirles que se turnen dando la pata (por ejemplo, Range et al., 2009). Entonces se comparan varias condiciones experimentales: Por ejemplo, una en la cual dos perros reciben diferentes premios de alta/baja calidad, otra en la que uno de los perros no recibe nada y la última en la cual hay solo un perro presente. En dichas condiciones se pudo demostrar que los perros dejan de dar la pata antes si no reciben premio, y si hay otro perro sentado al lado que sigue recibiendo galletas (Range et al., 2009). Existe otro estudio con características similares que usó como tarea pulsar un timbre en vez de dar la pata (Essler et al., 2017).  

 

Como he mencionado antes, la gente está en desacuerdo si los perros tienen sentido de la justicia o no. Esto me parece muy interesante porque estoy segura de que la mayoría de los dueños están convencidos de que su perro sí es sensible a la injusticia de cualquier forma. Por supuesto que Bello es celoso, pues cuando su dueño acaricia a otro canino interrumpe la acción y se mete entre ellos. También intenta captar nuestra atención y quiere recibir caricias. Por supuesto, Sunny piensa que es injusto cuando Fipsi come delante de sus ojos un delicioso trozo de salchicha y ella no recibe nada. Se le salen los ojos de la envidia y se pone a lloriquear.   

 

 

Pues bien, si los hechos son tan evidentes, ¿por qué hacer estudios científicos? ¿Y cómo es que algunos de los estudios no pueden encontrar ni siquiera lo más obvio? 

 

Bueno, el problema de las observaciones cotidianas es que no son condiciones controladas, entonces resulta difícil juzgar por qué mi perro se comporta de una manera determinada. Los humanos interpretamos constantemente la conducta de nuestros perros de forma que  nos parece lógico. Pero, si lo que interpretamos sea realmente lo que ocurre es discutible. Por ejemplo, Bello podría interponerse entre su dueño y su rival porque quiere mantenerlo a distancia. O en este momento tiene deseo de que lo acaricien independientemente del otro animal. O bien aprovecha la situación para acercarse al otro perro (al menos es lo que yo interpreto de la reacción de Rico, cuando acaricio a una hembra). Y con Sunny, su simple pasión por las salchichas podría ser la razón de su comportamiento.  

En un estudio científico, comparando con la vida cotidiana, puedo descartar cualquier explicación alternativa a base de un entorno controlado. Recordemos la situación donde solo había un perro, dando la pata. Esto me permite observar cuánto tiempo participa mi perro en el juego (dando la pata) sin recibir ningún premio, independientemente de otro canino. Sin estas condiciones controladas, simplemente no puedo saber si el otro perro tiene alguna influencia al seguir recibiendo recompensas estando presente.   

 

 

Por lo tanto, hay un número de factores infinitos que adicionalmente pueden cambiar la conducta de un animal y, por supuesto, el de un humano.  

 

En cuanto al rechazo a la injusticia, los estudios con animales han demostrado que, por ejemplo, la relación entre dos animales (por ejemplo, Brosnan et al., 2005), la personalidad de los animales (Brosnan et al., 2015) o incluso la jerarquía social entre dos animales (por ejemplo, Oberliessen et al., 2016) influyen en la manera en que reaccionan ante la injusticia o intentan evitarla (Por supuesto, esto no aplica a todos los casos).  

Mientras hay variables de influencias muy lógicas, también están las que son simplemente desconcertantes y alguno que otro científico se rompe la cabeza por esto. Ya que parece haber una diferencia si las recompensas vienen del mismo cuenco de comida o de dos cuencos diferentes. Si vienen del mismo, los perros respondían de forma aversiva a la injusticia; pero con dos cuencos diferentes, no (cf. Brucks et al., 2017). Como ven, ¡el diablo realmente está en los detalles!   

Así que no es nada raro que la investigación acerca la percepción de la injusticia por parte de los animales esté lejos de ser completa. Yo también puedo confirmar, según mi propia experiencia, que cada nueva prueba tiene al menos tantas preguntas como respuestas.  

 

Al mismo tiempo, es increíblemente emocionante y, en mi opinión, también muy importante comprender cada vez mejor y más profundamente cómo piensan y sienten nuestros amigos de cuatro patas.