Una opinión personal. 

Si un perro se comporta bien o no, es una pregunta difícil de responder. Para empezar, ¿qué es un perro bien educado? Si preguntamos a diez personas, aunque sean adiestradores caninos, probablemente obtendría diez respuestas diferentes.  

¿Por qué?  

 

 

Pero existen cosas más allá del azúcar y las verduras 

 

Bueno, lo que le exigimos a nuestro perro probablemente es tan individual y diferente como cuando le exigimos algo a nuestra pareja, a un nuevo trabajo o un lugar de residencia. Mientras que para unos sería un sueño estar casado con hijos y viviendo en una casa en las afueras de la ciudad, para otros este plan de vida sería una pesadilla. Igual es con nuestros perros. El sueño hecho realidad en cuatro patas para uno, podría ser el terror para otro a la hora de vivir con otra especie. 

A pesar de ello, es probable que haya ciertos comportamientos en los perros que todo el mundo clasificaría como "está bien educado" o "está mal educado", al igual que todo el mundo sabe (o eso espero) que el azúcar no es sano para nuestro cuerpo y que las verduras frescas sí lo son. Sin duda, a la mayoría de los propietarios les complacería que el perro siempre venga cuando lo llamen, de lo contrario un perro que destruye los muebles y la ropa sería algo poco gratificante.  

Pero existen cosas más allá del azúcar y las verduras, y aquí es donde las opiniones varían. Por ejemplo, ¿se comporta mal un perro si se tumba en el sofá, o incluso si se duerme en su cama? ¿Es malo un perro que busca ratones y se ensucia? ¿Es bueno si no ladra? La lista es infinita, pero creo que me explico. Al fin y al cabo, cada propietario debe decidir lo que es agradable y aceptable para él, siempre cuando nadie resulta perjudicado. Solo porque no me importa que mi perro corra tras niños y los muerde, no quiere decir que lo debería permitir (pista: solo quiere jugar).   

Además de nuestros propios deseos, necesidades y circunstancias, también debemos tener en cuenta que es lo que le motiva a nuestro perro. Si me hace la vida imposible y siempre me está poniendo a prueba, quizá sea recomendable no concederle todos los privilegios de la casa. Aunque me gusta que mi perro se sienta a mi lado en la cama, en el sofá y en su propia silla en la mesa del comedor, la convivencia con este animal puede llegar a ser muy desagradable, como por ejemplo cuando el perro decida que el sofá es su territorio y empiece a gruñir cuando quiera sentarme.  

Sin embargo, está claro que los dueños de perros tenemos toda la libertad dentro de ciertos límites. En lo que se refiere a la educación de nuestras mascotas, nosotros decidimos lo que es importante y cuando hacemos la vista gorda. Personalmente, me ha ayudado mucho ser consciente de esto. ¿Qué espero de mi perro en el día a día? ¿En qué áreas realmente quiero que mi perro mejore? ¿Qué cosas estoy haciendo solo por ser reconocida por los demás? ¿Qué problemas puedo resolver nada más cambiando mi forma de ver las cosas? Recomiendo a todo propietario canino hacerse estas preguntas, por lo menos una vez. 

Después de este pequeño prólogo, ya puedo admitirlo: Rico, mi perro, tiene permiso subirse al sofá y le encanta hacerlo. Pero para que mi pareja sea contento y Rico no se pase de la raya, el perro no tiene permiso de dormir en la cama. Este es nuestro acuerdo y los tres podemos vivir muy bien con ello.  

 

 

ciertamente hay perros que te hacen la vida más fácil que otros 

 

Dependiendo de cada perro y nuestras preferencias individuales, el perro requiere pocas o muchas horas de entrenamiento. Si deseo que me haga caso siempre, por supuesto tengo que invertir mucho más tiempo que si me conformo con que mi perro solo venga cuando no haya nada mejor que hacer. Entonces, entrenaría la retirada en las condiciones más estresadas, posiblemente con muchas distracciones, y sería muy estricto a la hora de enseñarle cumplir mis órdenes de forma constante.  

He escrito "entrenaría" a propósito, porque a menudo me falta la motivación cuando se trata de entrenar y educar (que no es lo mismo, por cierto). En principio, hay que hacer un simple análisis de costo-beneficio: ¿Cuáles son mis objetivos como dueño y cuántas horas estoy dispuesto a invertir para conseguirlo? Debemos reconocer que no es tan sencillo, porque ciertamente hay perros que te hacen la vida más fácil que otros. Eso no cambia el hecho de que tengo que decidir cuánto tiempo quiero dedicarle al adiestramiento de mi perro. El tiempo que invierto tendrá un impacto considerable en el resultado (suponiendo que tengo experiencia en el área del adiestramiento). Igual es el caso en otras áreas de la vida. ‘Ningún maestro ha caído del cielo’, como dice un refrán alemán. ¿A caso conoces a un deportista profesional que solo va a entrenar una vez a la semana? ¿Un pianista al que le da pereza practicar? Probablemente no.  

 

 

Entonces, cualquiera que espere los máximos resultados con el mínimo esfuerzo tiene un problema.  

 

Sé de lo que hablo, porque probablemente soy una de las perfeccionistas más perezosas del mundo. A menudo me encuentro maldiciendo a mi perro cuando se porta mal (especialmente cuando lo hace delante de los demás). Pero si soy sincera, su comportamiento, que requiere de más entreno y repetición, tampoco me ha molestado tanto como para invertir una cantidad de horas y energía para remediarlo. Un ejemplo: Rico es bastante ansioso en el coche. Sobre todo cuando nos acercamos a un punto de llegada, a veces empieza a llorar. Dependiendo de mi estado de ánimo, esto me molesta mucho o poco. Si llevo amigos en el coche, me molesta bastante y me avergüenzo del comportamiento de Rico. Al principio, intenté controlarlo. Pero me di cuenta de que no es cuestión de días de cambiar este hábito (lo adopté como perro adulto y con su anterior dueño todos los días iba al parque de perros en el coche, la actividad del día). Para mí, el enorme esfuerzo no era proporcional al problema, considerando el breve llanto antes de la llegada era algo bastante pequeño. Esta es mi decisión personal y ahora me corresponde a mí mantener esta posición delante de los demás.  

 

 

Quiero añadir que  

 

cada perro tiene ciertos límites, pero también ciertas habilidades dependiendo de sus genes y su personalidad (al menos esa es mi opinión). Los perros, al igual que los humanos, son seres emocionales, tienen su propio carácter, fortalezas y debilidades. Esto es maravilloso y por tanto caracteriza las relaciones profundas e íntimas que tenemos con ellos.  

Sin embargo, debemos conocer a nuestro perro tan bien que, sobre todo, sepamos sus límites para ahorrarnos un drama innecesario. No es en absoluto una señal de fracaso si un perro de caza sale a cazar o un perro sensible no se relaja ante cualquier situación.  

 

 

podemos detener el comportamiento indeseable simplemente cambiando nuestros hábitos. 

 

Por último, pero no menos importante, me gustaría darles el arma secreta e increíblemente valiosa de todo propietario perezoso pero perfeccionista. Se llama gestión, o en otras palabras, resolver los problemas sin resolverlos. En muchas situaciones, podemos detener el comportamiento indeseable simplemente cambiando nuestros hábitos. Ejemplo: ¿Dejarías a tu hijo con sobrepeso solo en casa con una tarta de chocolate y te enfadarías después porque se ha portado mal y se ha comido la tarta entera, a pesar de que era prohibido? Probablemente no. Al fin y al cabo, tendría mucho más sentido poner la tarta donde el pobre niño no puede alcanzarla. También podrías cerrar la puerta del dormitorio cuando salgas de casa si no quieras que tu perro se tumbe en tu cama mientras estás fuera. O volviendo al tema de llamar a tu perro: Si no puedo ver a la calle que cruzamos, llamo a Rico de manera preventiva. Sé exactamente que si hay una perrita guapa esperando por allá y él ve a la dama de sus sueños, entonces no tengo ninguna posibilidad de controlarlo, ya que está guiado por sus hormonas. Entonces, con unos cuantos trucos y sin ningún esfuerzo, haces tu vida más fácil.